Cambiar de compañía: lo que sí y lo que no pasa
El miedo a quedarse sin luz es el motivo número uno para no cambiar de tarifa. Y es un miedo sin fundamento: el cable es el mismo.
En España hay dos empresas detrás de tu enchufe. La distribuidora es la dueña de la red y del contador, y no la eliges tú: te toca por zona. La comercializadora es la que te factura, y esa sí la eliges. Cambiar de tarifa es cambiar de comercializadora; la distribuidora sigue siendo la misma y nadie toca la instalación.
Por eso no hay corte de suministro, no viene ningún técnico a casa y no hay obra. Lo único que ocurre es que el punto de suministro, identificado por el CUPS, pasa a estar asignado a otra empresa en el sistema.
El plazo habitual son entre cinco y siete días laborables, y el cambio suele hacerse coincidir con tu siguiente lectura. Recibirás una factura de cierre de la antigua compañía y la primera de la nueva; si se solapan unos días, se prorratea.
Lo que sí conviene revisar antes: si tienes permanencia, cuánto queda y cuál es la penalización; y si tu tarifa actual lleva un descuento temporal que vence pronto, porque entonces la comparación honesta es contra el precio de después, no contra el de ahora.